spreading our fear of the dark

A few nights ago, I took a ride on my bike. Alone. In the dark. Through a wooded path.

In case this fact doesn’t upset or scare you, I will remind you: I am not a man.

 And guess what? Nothing happened.

Well, something happened.

Before that, every woman I work with offered me a ride home on my way out the door from work. They were all afraid for me to ride my bike home. I don’t mean to suggest that this was not nice (it definitely was), but primarily it was discouraging.

As I walked out and got on my bike, I did feel trepidation. Sometimes I think it is hard to make sure that modes of caring for each other do not to turn in to echo chambers that amplify our fears and hurts from the wider world. After everyone tells you to be scared, it is hard not to be scared.

Picture of a bicycle with a light showing a wooded area, leaves on the ground, and darkness beyond.
Picture taken by my male friend Dan Winchester of his night biking. No one responded to his picture with any concerns.

Once on my bike, the path was empty, and after a certain distance, I entered a wooded area that was dark and it was hard to see. My light was not working and I had to practically stop. I started to breathe too hard. I started to feel afraid in the dark. I started to feel afraid of the dark itself. I worried about what was in the bushes. But then I started to control my fear and I knew that it was only small animals in the bushes being disturbed by my bike in the bushes. I knew that without a light my eyes would adjust to the dark place and I would see different things. Moving at a snail’s pace, I could smell the leaves and hear the trees, in addition to the nearby traffic. I could hear the river. I could focus on feeling my cold breath. If I could control my fear, I could have a wonderful bike ride on a wooded path, no more likely to be attacked by the “crazies” (or just men)–my coworkers’ fear–than anywhere else in this beautiful and terrible world. If I could control my fear, I would be free to enjoy the world as it is.

Because the reality is, I am vulnerable to harassment by men in daylight or in darkness, in the woods or in my workplace, whether strangers or men I know. I am not denying this reality, yet I do not want to overstate it either. And if I refuse to overstate and let it control me, I can be free to enjoy a quiet solo winter bike ride home in the evening. And wow, that freedom felt as good! and as complicated as any other.

Even as I began to really enjoy my ride, I knew that almost no one in my life would approve of this ride. They would want me to turn back, they would want me to make “safer” choices; they would want to come rescue me from the woods. But what do we sacrifice when we continually choose safety over wildness? What do we lose when we share our fear with each other but never our courage? How will we teach each other to be free?

“Nos Están Matando Uno a Uno Nuestro Líderes”

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Mientras mueren lxs defensorxs de los bosques hondureños, en Nueva York se abre el juicio de narcotráfico para el hermano del presidente del país, Juan Antonio Hernández.

Por: Meghan Krausch

“Nos están matando uno a uno nuestros líderes” dijo el mensaje de texto reenviado. El mensaje venía de alguien de la comunidad indígena Tolupán de El Portillo, en la zona rural de Honduras.

La semana anterior, yo había propuesto un artículo sobre nueve personas indígenas en HondurasAlisson Pineda, Wendy Pineda, José María Pineda, Ángela Murillo, Celso Cabrera, Óscar Cabrera, Óscar Vieda, Sergio Ávila, and Ramón Matute, quienes se enfrentan cargos penales por defender su territorio ancestral.

Antes de que pudiera terminar de escribir el ensayo, otro miembro de la familia había sido asesinado.

El 27 de septiembre de 2019, Milgen Idán Soto Ávila fue encontrado asesinado en el mismo lugar donde INMARE, una empresa maderera privada que actualmente está procesando a sus familiares por protestar contra la tala, trabajaba.

Milgen era un joven platicador e inquisitivo de veintinueve años, tenía una presencia constante en el Campamento Digno en Defensa del Territorio Ancestral, establecido por miembrxs de la comunidad que trabajan con el Movimiento Amplio por la Dignidad y Justicia (o MADJ). El objetivo del campamento es parar la tala de la empresa en el bosque de pinos que ha pertenecido a la tribu Tolupán desde que fueron reasentados en esta área, San Francisco de Locomapa, en el departamento de Yoro, en 1864.

Recuerdo bien a Milgen Soto, no solo porque tuvimos una larga conversación, sino también porque cada vez que estoy en Honduras miro con atención a todxs y me preocupo por quién podría estar ausente la próxima vez que regrese. Milgen era un compañero comprometido con grandes ideas sobre cómo crear una sociedad mejor, y compartimos una animada conversación sobre la política global y las contradicciones de sus experiencias en la pobreza extrema a pesar de su derecho histórico a la tierra.

En mayo, escribí sobre Ramón Matute y la ceremonia de levantamiento de los espíritus de su hermano y su padre, asesinados a principios de este año. Poco después de la publicación de este artículo, Ramón y otros ocho miembrxs de la comunidad fueron arrestados y ahora enfrentan cargos penales. ¿Su crimen? “Obstaculazición del plan de manejo forestal.”

A nivel internacional, más de 100 organizaciones firmaron una carta de solidaridad con los defensores de la tierra “condenando la criminalización de las acciones legítimas de protesta”. Aunque Milgen no fue arrestado, fue denunciado formalmente por la empresa maderera.

El 29 de septiembre, antes de haber asimilado completamente la realidad de la muerte de Milgen, recibí noticias del asesinato de otro líder Tolupán. Según los informes, individuos desconocidos le dispararon a Adolfo Redondo. Al principio, esta información fue difícil de confirmar porque, como lo expresó el mensaje de texto de El Portillo, “estamos incomunicados. No hay energía en la zona, no hay Internet”.

Milgen fue la tercera persona asesinada en la misma pequeña comunidad contando sólo este año, y la novena asesinada en el conflicto por la tala desde 2013. Sin embargo, el estado hondureño no ha ofrecido las protecciones requeridas por el derecho internacional, ni tampoco ha seguido procedimientos judiciales penales básicos.

Salomón y Samael Matute fueron asesinados en febrero, pero “no hay ningún avance sustancial en la investigación”, dice Mario Iraheta, representante de las y los Tolupánes en el proceso de medidas cautelares y miembro del equipo legal de MADJ. “Los autores materiales [del crimen] siguen libres en la zona, sin una orden de aprehensión”.

En cambio, los recursos del gobierno se están utilizando para criminalizar a los propios defensores de la tierra, que son todos beneficiarios de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.


Si bien es un tema muy mediático, Brasil no es el único país donde los bosques están en llamas. En una visita a San Francisco de Locomapa en abril, el humo de los incendios forestales fue tan grave, que todo un grupo de observadores internacionales del Colectivo de Solidaridad de Acción Permanente por la Paz, incluyéndome, se sintieron enfermos después de una sola tarde allí.

No está claro exactamente quién está prendiendo los incendios, que siempre parecen estar furiosos, pero la salud del bosque y de las y los Tolupánes está sufriendo. Los miembros de la comunidad dicen que sufren de una variedad de enfermedades respiratorias.

Una comunicación de 30 de septiembre lanzado por MADJ preguntaba: “¿Quiénes son los asesinos del pueblo Tolupán?”

“Invitamos a la población hondureña organizada y no organizada a identificar los actores intelectuales de la dictadura, de la violencia, de la desigualdad, del empobrecimiento, de quienes despojan y asesinan,” dice la comunicación. “Y a superar la clásica pregunta que busca ubicar a los autores materiales y a transformarla en ¿quién o quiénes ordenaron y consintieron sus asesinatos?” 

Los cargos contra los miembros del Movimiento no son un caso aislado. Los defensores del medio ambiente de Guapinol han estado detenidos en prisión preventiva durante un mes debido a su oposición a un proyecto minero.

“Los procesos judiciales, junto con la represión activa por parte de las fuerzas de seguridad del gobierno revelan el compromiso de proteger los intereses corporativos en vez de los derechos humanos en Honduras”, dicen en una entrevista por correo electrónico Corie Welch y Alejandra Rincón, las coordinadoras del Programa de Honduras del Colectivo de Solidaridad de Acción Permanente por la Paz. “Bajo el régimen que llegó al poder en 2009, hemos visto una colaboración entre las élites poderosas y el gobierno de Honduras, ampliando las concesiones para la extracción y utilizando la policía y el ejército para hacer cumplir la construcción de estos proyectos”.

La ironía es indiscutible. Antonio “Tony” Hernández, hermano del presidente Juan Orlando Hernández, se enfrenta a un juicio en el Tribunal de Distrito Federal de Manhattan, acusado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos de narcotráfico, lavado de dinero y la coordinación de asesinato. El juicio comienza el 2 de octubre y el presidente Hernández es identificado como “co conspirador 4” junto con el ex presidente hondureño Porfirio “Pepe” Lobo.

Ambos, los dos únicos presidentes que han realizado campañas desde el golpe de estado de 2009 en Honduras, se ha alegado en documentos judiciales haber utilizado fondos de narcotráfico para sus campañas, aunque ninguno de los dos ha sido acusado en Estados Unidos.

Honduras no es simplemente un “estado fallido“; está activamente deformado por intereses empresariales e internacionales. El propio gobierno, enjuiciado por corrupción y narcotráfico, está lanzando cargos criminales contra algunos de sus más precarios ciudadanos por protestar en defensa de su propio bosque. Mientras tanto, los Estados Unidos mantiene una relación fuerte con la administración hondureña.

Los hondureños se movilizan dentro de Honduras. Pero la realidad del imperialismo en Centroamérica significa que el problema de los hondureños sea global. Cambiar la realidad política en su país requerirá un fuerte movimiento de solidaridad en los Estados Unidos. Mientras el gobierno de los Estados Unidos y otros regímenes internacionales otorguen legitimidad a Juan Orlando Hernández, puede permanecer en el poder. El caso criminal actual de su hermano es una prueba de esa legitimidad.

José María, un compañero mayor de la comunidad de San Francisco de Locomapa, tiene un dicho favorito: “La sangre de los mártires es la semilla de la libertad”.

story from the protest

The cop came over to express concern.

About me getting run over by a car

While handing out flyers to stop the concentration camps

From the sidewalk.

Then he walked me through moving traffic back to safety.

Two people standing together in front of the sun. Poster says "Communities not Cages"
Art by: Rommy Sobrado-Torrico

Power, Dignity, Choice, and Bobby Seale

I have a favorite story that helps me understand and explain a fundamental aspect of how power works.

Of course power is complex, and of course there are countless major social theories about its operation in the world. But like other complex and rich social phenomena, it isn’t as if we understand nothing without knowing the words of these theories. We have a rooted sense in our bodies and minds of how power from our own experiences with it, either from having power enacted upon us, enacting it upon others, or watching it play out around us. When I taught Intro to Sociology every semester, I actually used to introduce this conversation by showing an episode of the Office, which lead to a conversation about Weberian authority. Important for us today: no one has authority unless the people below see them as legitimate i.e. bestow them some kind of authority. But I digress, because that is not exactly the example I want to talk about.

The real point I want to make here is the related idea that when you really think about it no one can actually make you do anything. Human beings always have some kind of agency. They may have a very limited (or constrained) agency, when faced with a very bad set of options, for example: do something or be killed. But they can always choose to refuse and be killed. You have not actually “made” the person do anything. You have given them a crappy choice. This difference is more than semantic.

Here is my favorite example to illuminate that further.

Color drawing of Bobby Seale, bound and gagged in a seat, pen and paper in hand.
Courtroom drawing of Bobby Seale by Howard Brodie. Held by the Library of Congress.

In the fall of 1969, Bobby Seale, at the time the National Chairman of the Black Panther Party, was on trial in Chicago. Seale was being tried in the aftermath of the 1968 convention in Chicago. The charge was using interstate transportation to incite a riot.

Originally Seale was the only African American on trial alongside seven others, a group that included Abbie Hoffman. The trial was a circus, which was to some extent intentional on the part of the defiant, countercultural defendants. Apparently one day two defendants wore judge’s robes to court and then wiped their feet on them. Eventually Seale’s case was severed from the other seven.

Bobby Seale and his lawyer asked for a delay for his portion of the case because his lawyer was sick and couldn’t represent him, but Judge Hoffman refused, saying that Seale could just be represented by the defense lawyer representing some of the others. Seale insisted on his right to represent himself in that case.

It would seem that this violation of his right to a lawyer outraged Bobby Seale and he continued to complain about it in an attempt to stop the trial from going forward without him being represented by his own choice of counsel. The judge, in turn, wanted to stop Seale’s outbursts and to keep the trial moving.

Of course in the United States due process requires that defendants must be present in order for them to be tried. What generally happens in this situation is that judges threaten to hold defendants in contempt of court, a crime which can include significant fines or jail time. Dear reader, you may have already gotten there: this does not actually solve the problem unless the defendant chooses to change their behavior to avoid further penalty because the defendant must still be in the courtroom for the case to go on.

Bobby Seale was a trained revolutionary, who did not expect justice to be issued in a US court because he sat quietly and waited for it. He was not moved by being held in contempt of court.

In this case, an extraordinary (and horrific) measure was taken. Judge Hoffman ordered that Seale be bound and gagged inside the courtroom. Even more extraordinarily however, this act could not quiet Bobby Seale. Even bound and gagged he found a way to use his voice to disrupt the unjust proceedings. The UPI headline read “Bound, gagged Bobby Seale still manages wild scuffle in court.”

They could not silence Bobby Seale, because no one can actually make another person do anything. Power must be consented to in some way, shape, or form for it to work. It can be difficult to risk, but we do have the choice to try it, especially when we can get together with others and train ourselves to do so. The judge could not make him be quiet, even using significant force.

Bobby Seale is still alive and free to tell the tale.  Do not consent if you do not believe it is the right thing to do. Power is not power without legitimacy and consent from those subject to its will. Whenever it feels like I have no choice, I think of Bobby Seale.

Luchar para Proteger el Bosque en Honduras

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Muchos en los EEUU están inconscientes de la conexión entre los y las refugiados huyendo de Honduras y la lucha allá por justicia ambiental.

Por Meghan Krausch

En un grupo de casas aisladas en un bosque de pino en las montañas de San Francisco de Locomapa, Honduras, en el territorio ancestral del pueblo Tolupán, asisto a la ceremonia para  levantar los espíritus de Juan Samael Matute y José Salomón Matute. El evento es cuarenta días después de su doble asesinato.

Samael y Salomón fueron asesinados el 25 de febrero en el bosque de pino que defendían ellos junto con unos otras y otros miembros de la comunidad Tolupán.  Como parte del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia, ellos y ellas se han opuesto a la tala desmesurada por empresas privadas, quienes reciben asistencia directa de la agencia hondureña el Instituto de Conservación Forestal (ICF).

Samael y Salomón son el séptimo y el octavo asesinato de esta comunidad extremamente empobrecida históricamente, la cual está profundamente dividida por la lucha por el derecho a la tierra y por la intervención del dinero empresarial en la política local. Líderes del Movimiento han sido amenazados y judicializados por sus esfuerzos a defender el bosque. Al mismo tiempo, sus asesinos caminan sueltos por la comunidad, y el Ministerio Público sigue declarando que “no hay novedades” en el proceso judicial de los asesinatos.

Ahora que caravana tras caravana de refugiados salen de Honduras, muchas personas también quedan, enganchado en una resistencia fuerte contra los proyectos extractivistas. Estas están apoyadas acá en los Estados Unidos por militantes que llaman la atención al papel de los Estados Unidos en hacer crecer la crisis hondureña.

La Ley Berta Cáceres, originalmente presentada en 2016 por el Congresista Hank Johnson, Demócrata del estado de Georgia, subraya el papel de la policía hondureña en la corrupción y los abusos de los derechos humanos. La ley reclama la suspensión en la “asistencia en materia de seguridad de Estados Unidos a Honduras hasta que cesen las violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad de Honduras y hasta que los responsables de estas violaciones  sean llevados ante la justicia.” Cáceres, una hondureña destacada por su trabajo con el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas Nacional de Honduras (COPINH), fue asesinada en 2016 por hombres contratados por una empresa que pretende construir una represa en el territorio de la puebla Indígena Lenca.

Las y los participantes hicieron esfuerzos extraordinarios para asistir a la ceremonia de dos días en honor a Samael y Salomón, viajando por horas a pie o abarrotados en camionetas. Había vecinos, miembros del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia de San Pedro Sula, dos observadoras internacionales, y el Consejo de los Ancianos del Pueblo Lenca, quienes vinieron de sus propias tierras en Intibucá, Honduras, para compartir el liderazgo de la ceremonia con una delegación cristiana local.

En el centro de la reunión estuvo Ramón Matute, un familiar de las víctimas. Él reporta que recibe regularmente amenazas de muerte desde las mismas personas que mataron a su padre y a su hermano. Muchos en la comunidad dicen que la policía hondureña son poca asistencia, aunque Ramón es uno de los 38 miembros de la comunidad que fueron otorgados “medidas cautelares” en 2013 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, debido a sus altos niveles de riesgo como defensores de derechos humanos.

Samael y Salomón están enterrados uno al lado del otro en una sola colina, adornada por una pequeña palmera y flores decoran las nuevas cruces. Hay banderas y pancartas señalando la continuidad de la lucha por los derechos humanos y la justicia ambiental, y un anciano se balancea una olla de barro llena de incienso.

En la ceremonia, Ramón habla del martirio de su padre y su hermano, y de la lucha para defender el bosque, el agua, y el territorio ancestral del gobierno y las empresas privadas que los quieren explotar. Compromete con Pascualita Vásquez, la líder espiritual del COPINH quien guía esta ceremonia, para fortalecer la relación entre sus pueblos y trabajar conjuntos para recuperar y proteger sus tradiciones, su dignidad, y importantemente, su autonomía.

La violencia y la represión han crecido en Honduras desde un golpe en 2009, pero las cosas se empeoraron después del fraude electoral del Presidente Juan Orlando Hernández en Noviembre 2017, donde más de treinta personas fueron asesinadas por las fuerzas del estado, sin asumir responsabilidad.

El gobierno de los EEUU reconoció a Juan Orlando oficialmente como ganador de la elección disputada, cuando aún no terminaron es escrutinio, así mismo, EEUU  ayuda con entrenar y financiar las fuerzas de seguridad en Honduras. El efecto desalentador de esta violencia se nota por toda la sociedad hondureña en donde, como me comentó una persona: “No tenemos la oportunidad de salir de un luto antes de que estamos entrando en otro.”

Respondiendo de cómo defensores y defensoras de derechos humanos y del medioambiente logran seguir, enfrentado con tanta violencia, la cantautora y periodista Karla Lara, quien era amiga cercana de Berta Cáceres, me cuenta que ella ve la espiritualidad como “una estrategia de lucha, porque la cultura dominante es la cultura de la muerte.”

“Tengo estos pequeños altares de Berta,” dice Karla. “No había hecho los altares antes. No sólo yo, sino muchas personas, estamos buscando una espiritualidad que nos protege. Hay un entendimiento político de la espiritualidad, de la necesidad de protegernos.” Ella describe un rito cotidiano de pasar el humo del palo santo por toda la casa, y especialmente de “pedir a Berta que nos de la capacidad de lectura estratégica política, porque eso es la ausencia más grande de Berta: su capacidad de analizar todo.”

“Tenemos que hacer un compromiso de hacer bella esta lucha y reivindicar la alegría,” dice Karla.

Hay bastantes razones para estar triste mientras soltamos los espíritus de Samael y Salomón, quienes en vida fueron tomadas simplemente por avaricia. Sin embargo el énfasis está en las flores, en las comunidades juntándose a través de distancias grandes, y sobre todo en la posibilidad de una vida con dignidad.

recipe for activism

If you are upset by the way things are in the world and you want to change them but you don’t know how or you are afraid of what it may take, look for inspiration. Find others who are engaged despite what they may lose, find others who act despite what they don’t have, find others who know how to do it because they’ve done it before.

Try to meet and learn from these people in person.

If the state of the world troubles you, the only thing that will change it is joining together with other people. Doing that  (even though it might seem scary) can produce joy and some inspiration in and of itself.

There are always people resisting, joined together in struggle, and it’s amazing how inspiring their actions are once you find them.

What Terror Looks Like

More than one year after the post electoral crisis, the terror created by the murders of protestors is still palpable here. Many readers of this blog will be familiar with these killings because you participated last year in an open letter to the families of the victims.

A few days ago Karen Spring wrote this excellent essay on the continued impunity for the killings.

As I mentioned in a previous post, the events of December 2017 & January 2018 are hardly in the past for many Hondurans. These killings were mentioned to me without prompting at some of our site visits, and my general impression both from these weeks on the ground and following social media is of a people where terror has genuinely taken root. I keep thinking of the many histories I’ve read or watched about societies existing under terroristic regimes, and realizing that in this moment I’m visiting one of those societies. And knowing that my friends and others live in it every day.

Nor are these impressions and facts far removed from the United States. Impunity for murdering protestors and the terror it spreads is creating an exodus of people arriving everyday at our border. To say nothing of the direct and indirect support for this terror provided by the US government itself. One example: the US provides funding, training, and “vetting” for various police and military forces implicated in human rights abuses including murder. We are funding terror.

The Songs of the Grandmothers

On Saturday I had the honor of hearing the songs of the grandmothers of COFAMIPRO, the Committee of Families of Disappeared Migrants of El Progreso. These women told us the stories of looking for their lost daughters and sons, who have been lost along the dangerous migrant trail between the US and Honduras or who lost contact with their families once arriving in the US. Rosa Nelly Santos told us about the heartbreaking work of repatriating remains, and how since 2000 she has walked with other mothers along the path wearing pictures of their children and asking around, hoping to find clues of where they were last seen. About the caravans, Rosa Nelly told us that they do not celebrate or agree with the migrant exodus because they would prefer to have people be able to stay in Honduras, but the most important thing is that no one disappears on an exodus. They may still die; but they will not disappear .

The women sang two songs they have written themselves: one for standing outside public offices demanding rights and recognition, and the second for when a person is found. It said “we don’t get tired of waiting.”

Together in a small circle, our Witness for Peace Solidarity Collective delegation cried with these women. We saw their pain, and held it with them for a few moments . We left them reluctantly in a flurry of hugs and smiles, always promising to share their stories.

accompaniment at the graveside

Over the last several days I have been in Honduras with Witness for Peace Solidarity Collective, meeting with the Movimiento Amplio por Dignidad y Justicia (MADJ, Broad Movement for Dignity and Justice) in several different sites and contexts.

It is not an exaggeration to say that many or maybe even all the folks we have met with have been through hell. We visited the Dignified Encampment for Water and for Life at Pajuiles, where participants became choked up telling us about how they were attacked brutally in August 2017 by members of the community further up the hill, who believe they will benefit from the dam project and who have been paid by the company . These water protectors, members of MADJ, also pointed to the nearby home of Geovanny Diaz Carcamo, who was brutally assassinated in front of his mother in the street in the post electoral conflict, January 2018.

From there we met with Magdalena, the widow of Ramón Fiallos, and other members of the Dignified Encampment in Defense of the Jilamito River. Ramón Fiallos was killed when he was shot with live ammunition at a protest and left without medical treatment. Magdalena told us how three days before his death, Ramón told her “If we have to die, I will die for a better Honduras with pride.” She told us that his words inspire her, and that through his death she has learned to lose her fear.

In the Tolupán community of San Francisco de Locomapa, we stood in solidarity alongside a fresh grave. Just one month ago two members of MADJ were murdered defending their pine forest, to which they have territorial rights recognized internationally as an indigenous tribe. The mountainside was burning all around us, an act of aggression against those resisting deforestation and looting, as we stood together. Here in this heavy place we were told by survivors that the struggle is very hard, but no one is crying. Everyone participating understands the risks and is ready to pay it. Words are hard to find in describing this moment standing with a small tribal community that has had 7 of its loved ones murdered over a struggle for natural resources since 2013.

Through these places we have been guided often by Martín Fernández who, as the effective longtime General Coordinator of MADJ, lives his life under ever present death threats. Everytime I say goodbye to Martín, I worry it will be the last.

As a group we have accompanied and met with these communities, humbly trying to offer some comfort through listening attentively to their stories and sharing in their pain as human beings. We have committed to share these stories with an often indifferent public in the United States who knowingly or unknowingly benefit from this theft of resources and life. None of it has ever seemed like enough. But I have written before about the small powerful webs of solidarity and continue to hope that although it is not, and can never be, enough, solidarity with others is the most powerful tool we have.

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How to take action in solidarity with the Honduran people